Pregunté a un hombre que se sentaba a mi lado quién era aquel fulano tan obscuro que acompañaba al alcalde.
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¿No lo sabe? – Inquirió sorprendido mi vecino. – Es Torgue Doré, el teniente de alcalde.
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¿Torgue Doré? Es la primera vez que oigo hablar de él. No le recuerdo en ninguna de las listas que se presentaron en las elecciones.
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Claro que no. Doré llegó a la corporación tras la renuncia… – pronunció esta palabra con un tono de voz diferente, - …tras la renuncia de Isauro Delfín.
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Así que quien se largó fue Delfín.
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Si, parece haberse esfumado…desde entonces no se ha vuelto a saber de él. En fin. ya sabe que desde lo del tripartito…
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Ya veo. Hábleme más de Doré.
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Es un joven político de SISA, llegado de Portonovo, donde había sido concejal por el Partido Laborista. Al desaparecer Delfín, Loureiro hizo traer a Doré y le situó como segundo.
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¿Y el eterno Mori1 que, otra vez compuesto y sin novia?
El hombre no pudo evitar reírse al recordar al entrañable y viejo concejal que, desde que se había hecho independiente, no había vuelto a rascar bola. En ese momento el propio Doré tomó el micrófono del pie en que estaba apoyado y comenzó a hablar.
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Queridos vecinos, han llegado a nuestros oídos algunas voces descontentas. Eso nos entristece, pensábamos que un acuerdo tomado por unanimidad por vuestros legítimos representantes no causaría semejante bullicio. Deberíais saber que esto lo hacemos por vuestro bien. Por el bien de toda la ciudad. SISA es garante de una política urbanística moderna. Sé que resulta difícil renunciar a esas oscuras callejas, a esos ennegrecidos edificios de piedra, lóbregos, fríos. Sé que las nuevas ideas necesitan tiempo para calar, pero quiero pediros que nos deis un margen de confianza, amigos, para demostraros que estamos en lo cierto.
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Mientes. –Gritó indignado un hombre delgado y calvo con gafas redondas. – No me creo una palabra.
Durante un segundo la cara de Doré palideció, más si cabe, y sus puños se cerraron con rabia. Enseguida su rostro crispado recuperó su expresión de amabilidad y se dirigió a su oponente.
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Me duele. De verdad que no sabe, amigo mío, de que manera me duele lo que usted sugiere. La única razón por la que hemos procedido a expropiar directamente es por que si tuviésemos que negociar caso por caso tardaríamos una vida en llevar a cabo este proyecto. Pero les aseguro que se verán generosamente compensados.
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¿Lo que en términos concretos viene a suponer…? – Dijo otra voz.
Se trataba del chino del 504, quien acababa de levantarse, un par de filas delante de mí, mientras esperaba la respuesta de Doré.
Tras un segundo de vacilación por parte de éste, fue el propio Loureiro el que tomó el micrófono y comenzó una alocución vana de contenido pero que pareció satisfacer a la mayoría de los allí presentes, incluidos el indignado hombre de gafas que había levantado la voz en primer lugar e incluso los que se encontraban sentados junto a Loureiro, los propios convocantes.
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Estimado amigo, creo que podrá comprender la dificultad a la que nos enfrentamos ante una operación de tal magnitud. Cuantificar el desembolso particular de cada caso es algo que requiere…
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No le estoy preguntando por cada caso en concreto. – Interrumpió nuevamente el chino. – Simplemente quisiera conocer los criterios que van a seguir para fijar las cantidades.
Bajo la luz de los focos del Salesianos podíamos ver una gota de sudor asomar desde la gorra de Só Pra Contrariar, descendiendo hacia la frente del alcalde y yendo a caer sobre su americana de lino Miami Vice. La última intervención del chino empezaba a levantar rumores entre los asistentes, que parecían decantarse nuevamente por el descontento.
Entonces Loureiro recurrió a su arsenal pesado.
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Ser vigués, amigos míos, es algo más que tener una bandera y un himno…ser vigués es incluso más que acudir a ver a nuestro amado Celtiña…ser vigués es tener una fe ciega en nuestra ciudad, y yo tengo esa fe ciega en el futuro de la ciudad más importante del noroeste peninsular…(suspiro)…y sólo os pido que tengáis esa misma fe en vuestro alcalde…que ama a Vigo como al mismísimo Cristo de la Victoria…confiad en mi y demostradme así que puedo contar con vosotros…
Mientras Loureiro sollozaba en aquel pseudo éxtasis comenzaron a oírse los primeros aplausos de los asistentes. Decidí intervenir antes de que aquello fuese a más y el alcalde comenzase a levitar. Me puse en pie y sin esperar a que me acercasen el micrófono pregunté a Loureiro:
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¿No es eso último lo que le dijo a Pin-Pin, que le demostrase que podía contar con él?
Varias caras extrañadas se volvieron hacia mí. Pero no eran esos rostros los que me interesaba ver. En el estrado, Loureiro despertó bruscamente, y durante unos instantes me miró con los ojos muy abiertos. Estaba petrificado. Doré, a su lado tardó igualmente unos instantes en reaccionar, pero acabó por dar una pequeña patada por debajo de la mesa a su caudillo. Loureiro nuevamente comenzó el pulso con otro discurso que acabó por arrancar el aplauso enfervorecido de los asistentes, esta vez con el tema de la exaltación del Apóstol Santiago y las cerezas de Beade. Al final mi maniobra no había servido de mucho. Me levanté asqueado y me dirigí a la salida. En el rellano me detuve junto a una columna para encender un cigarro.
Di una calada y sentí como desaparecía gran parte de la tensión acumulada en la espalda, tanto por la incomodidad de la butaca en la que había estado sentado como por la reacción de aquella masa de mentecatos que estaban a punto de dejarse robar la cartera.
En ese momento una mano se posó sobre mi hombro. Me volví rápidamente.
CAPÍTULO XIV
BANDA APARTE
El hombre de la gabardina se volvió hacia mí con un rápido gesto. Parecía haberle asustado, aunque al momento adoptó una pose más relajada.
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Ah, es usted.
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¿Me conoce? - Le pregunté intrigado.
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Le he visto llegar en un 504; y le vi más tarde ahí dentro, poniendo un poco de cordura en la discusión.
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De lo ocurrido ahí dentro quería tratar con usted.
Al decirle esto, en su cara apareció una media sonrisa de conformidad. Dio una calada a un cigarro que llevaba en su mano izquierda e hizo un gesto con la cabeza indicándome la puerta.
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Acompáñeme, conozco un sitio en el que podemos hablar tranquilamente.
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¿Está muy lejos?
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Nada de eso. Sólo hay que cruzar la calle.
Entramos en una pequeña cafetería llamada El Poyo. Mi desconocido interlocutor saludó a un hombre de gafas que se encontraba detrás de la barra con una copa de vino tinto en la mano. Un tipo que me recordaba enormemente a Carlos Saura.
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Hola, Lisardo.
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Blep. – Exclamó el camarero.
Avanzamos por un estrecho pasillo con mesas pintado de color amarillo y verde. Viejos posters de Camilo Sesto cuyos bordes habían sido arrancados y pintarrajeados por adolescentes bolígrafos decoraban las paredes. Un viejo letrero luminoso descansaba bajo una barra de madera que a duras penas aguantaba el peso de los innumerables periódicos allí acumulados. Bajo una de estas pilas de jornales destacaba la cabecera de un ejemplar del Arriba. Llegamos a una zona en la que el onírico pasillo se transformaba en una sala con mesas más amplias. Nos sentamos en una de ellas.
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Cuidado. –Dijo el hombre de la gabardina señalando a la silla que tenía en mis manos.
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¿Qué ocurre?
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Esa silla está a punto de ceder. Mira que se lo he comentado veces a Lisardo…
Al momento llegó el camarero que había visto en la barra. Se acercaba a nosotros con un tapete y una baraja en la mano. Aquello empezaba a parecer a una pesadilla, o lo que es peor, un film de Bigas Luna.
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No Lisardo, hoy no vengo a jugar a las cartas, gracias. –Dijo el misterioso sujeto de los cigarros.
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¿Qué tal la reunión? – Preguntó el camarero subiéndose sus caídos pantalones.
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Nada nuevo.
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Comejéns. Todos ellos. – Dijo el camarero con ostensible indignación. A continuación puso cara amable y preguntó. -¿Qué va ser?
Pedimos un par de cafés. Lisardo desapareció por el pasillo y el hombre misterioso se presentó.
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Mi nombre es Warren. Soy uno de los dueños de la cafetería Pekín.
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Mauricio Tang. Dueño del restaurante…bueno, de un restaurante de Doctor Cadaval.
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Encantado. Iré al grano. Visto lo visto en el Salesianos no podemos contar con esos borregos, pero estoy convencido de que si alguien rascase un poco en la superficie de este plan urbanístico lo que se encontrase iba a apestar.
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Sin duda.
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Mauricio, ¿puedo tutearle?
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Por supuesto.
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Como te decía, si te parece bien podemos acercarnos por el ayuntamiento para solicitar la información técnica del plan.
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¿Realmente confías en que nos la faciliten?
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Tanto como que Bruno Squarcia reciba un Goya, pero es importante que sepan que hay gente dispuesta a amargarles el festín que pretenden darse a costa de todos nosotros.
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¿Pero eso no hará que se pongan a la defensiva?
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Eso es precisamente lo que estoy buscando. Que quiten un mediapunta para poder jugar con una defensa de cinco.
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Ya veo. Por cierto Warren, ¿qué era aquello que le dijiste a Loureiro que le trastornó tanto?
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Bueno, esa es una larga historia…
1 El más veterano concejal de la ciudad, nacionalista vigués. En una oscura maniobra de Loureiro quedó fuera de la corporación tras la fundación de SISA, a la que aportó un considerable número de votos.

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